Las tasas arancelarias anunciadas por el presidente Donald Trump el miércoles pasado se basan en una fórmula sencilla, que toma como referencia los desequilibrios comerciales que Estados Unidos mantiene con otros países. A pesar de lo que había afirmado inicialmente la Casa Blanca, estas tarifas no se fundamentan en los aranceles que esos países aplican a Estados Unidos, sino en factores como la "manipulación monetaria y barreras comerciales".
Trump presentó nuevos aranceles que incluyen un 54% para China, un 20% para la Unión Europea y un 26% para India. En ese sentido, sostuvo que los porcentajes surgían de "la tasa combinada de todos sus aranceles, barreras no monetarias y otras formas de engaño", cifra que luego fue reducida a la mitad porque, según dijo, quería ser "amable".
Sin embargo, diversos análisis difundidos en redes sociales y medios de comunicación señalaron que el cálculo era mucho más rudimentario: se habría dividido el superávit comercial de cada país (es decir, la diferencia entre lo que exportan a Estados Unidos y lo que importan) por el valor total de sus exportaciones a ese país. El resultado, multiplicado por 0,5, daba el porcentaje del nuevo arancel.
La fórmula coincide con los porcentajes anunciados por Trump para países como China, la Unión Europea, Indonesia, India y Vietnam. Así lo indicó en X (antes Twitter) Ian Bremmer, politólogo global y fundador de la consultora Eurasia Group, quien escribió: "esto es... increíblemente estúpido".
El caso de China resulta ilustrativo: en el último año registró un superávit comercial de US$ 295.000 millones con Estados Unidos, producto de exportaciones por US$ 438.000 millones. Si se divide US$ 295.000 millones por US$ 438.000 millones, el resultado es aproximadamente un 67%. Y si ese valor se reduce a la mitad, da como resultado el 34% de arancel que Trump anunció el miércoles.
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos confirmó posteriormente que esa era, en efecto, la fórmula utilizada. Publicaron una supuesta ecuación matemática compleja para justificar el cálculo, aunque al eliminar las letras griegas, quedó en evidencia que el método consistía, básicamente, en dividir el superávit comercial de cada país por el total de sus exportaciones hacia EE. UU. y luego dividir ese número por dos.
Este método sugiere que los países podrían reducir sus aranceles simplemente comprando más productos estadounidenses. Sin embargo, eso no sería sencillo. "Es muy difícil para los países asiáticos, particularmente los más pobres, satisfacer la demanda estadounidense... dado que los productos estadounidenses son mucho más caros y el poder adquisitivo es menor en los países afectados por los niveles más altos de aranceles", advirtió Trinh Nguyen, economista senior de Natixis, en declaraciones a CNBC.
Críticos principales
"Si la administración Trump no calculó los 'aranceles' que supuestamente nos imponen otros países mediante la fórmula déficit comercial/importaciones, es una coincidencia asombrosa que el 'arancel' de cada país sea igual al déficit comercial/importaciones", escribió el periodista económico James Surowiecki en X, luego de calificar los aranceles de "falsos" en una publicación anterior.
Por su parte, Thomas Sampson, de la London School of Economics, declaró a la BBC: "La fórmula está diseñada a la inversa para racionalizar la imposición de aranceles a países con los que Estados Unidos tiene un déficit comercial. No hay justificación económica para hacerlo y le costará muy caro a la economía global".
Algunos analistas políticos sugirieron que la Casa Blanca podría haber calculado esas tasas de forma rápida, solo como punto de partida para futuras negociaciones con socios comerciales, sin entrar en la complejidad que implica medir el costo real de las barreras comerciales que cada país impone a EE. UU.
"Todo lo que puedo decir es que la opacidad que rodea las cifras de los aranceles puede agregar cierta flexibilidad para hacer acuerdos, pero podría tener un costo para la credibilidad de Estados Unidos", dijo a CNBC Rob Subbaraman, jefe de investigación macro global de Nomura.
Otros aspectos de la estrategia de Trump también fueron duramente criticados por su carácter absurdo, como la imposición de aranceles del 10% a territorios remotos y deshabitados, entre ellos las Islas Heard y McDonald, un territorio australiano sin población que, además, no importa bienes a Estados Unidos.
A qué prestar atención
Rusia, Canadá y México quedaron fuera del anuncio del miércoles. La exclusión de Canadá y México no sorprendió tanto, ya que Trump ya les había impuesto —y luego pospuesto— un arancel del 25% a los productos provenientes de sus vecinos norteamericanos.
Rusia fue dejada de lado porque las sanciones estadounidenses vigentes "impiden cualquier comercio significativo", según le declaró a Axios la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, quien además señaló que Estados Unidos aún comercia más con Rusia que con algunas de las islas y territorios remotos a los que sí se impusieron aranceles. Leavitt también explicó a Axios que Cuba, Bielorrusia y Corea del Norte no fueron alcanzadas por aranceles recíprocos porque ya están sujetas a sanciones y gravámenes vigentes.
Antecedentes
Los aranceles base del 10% que Trump anunció el miércoles entrarán en vigencia el sábado, mientras que el resto de los aranceles recíprocos se aplicarán a partir del miércoles siguiente, según una hoja informativa difundida por la Casa Blanca. También se confirmó que el arancel del 25% previamente anunciado sobre vehículos importados comenzará a regir ese mismo miércoles.
En algunos casos, los aranceles fueron considerablemente más altos que la tasa general del 20% que Trump había sugerido en declaraciones anteriores. China, por ejemplo, fue impactada con un arancel "recíproco" adicional del 34%, que se suma al gravamen del 20% que ya le había sido impuesto.
Las bolsas reaccionaron con fuerza el jueves tras el anuncio: el Promedio Industrial Dow Jones cayó un 3,5%, el S&P 500 perdió un 3,9% y el Nasdaq retrocedió un 4,9%.