El lado oscuro del lujo: la contracara de los jets privados de los millonarios
Ruido, contaminación y desigualdad: el precio oculto de los vuelos exclusivos de celebridades como Kylie Jenner y Taylor Swift.

En las colinas de Calabasas, California, las noches han dejado de ser silenciosas. El cielo, que antes se teñía de naranja al atardecer, es ahora una autopista de motores rugientes. En Malibú, donde las olas solían ser el único sonido persistente, el estruendo de los despegues interrumpe la calma. Los residentes han comenzado a contar los segundos entre cada vuelo, como quien escucha el tic-tac de una bomba contra reloj.

No son aviones comerciales ni helicópteros de emergencia. Son los jets privados de celebridades y multimillonarios, personas para quienes el tiempo es más valioso que cualquier otra cosa y que prefieren cruzar el cielo en cuestión de minutos. Pero lo que para ellos es una comodidad, para quienes viven en las zonas afectadas es insomnio, estrés y un malestar constante.

En los últimos años, el aumento de estos vuelos ha convertido a Calabasas en un punto de conflicto. Los aviones no sólo dejan su huella en el aire, sino en la vida cotidiana de miles de personas. El sueño interrumpido, el temblor de ventanas con cada despegue, el zumbido incesante de motores que nunca terminan de alejarse. "No es sólo el ruido, es la sensación de que ya no tenés control sobre tu propio hogar", declaró un residente citado por el Daily Mail.

Pero el problema va mucho más allá del sonido. El impacto de los jets privados no se detiene en la frontera de estos barrios exclusivos: es un problema global.

Cada despegue, cada aterrizaje, es un golpe más contra el medioambiente. Un jet privado emite hasta cinco veces más CO2 por pasajero que un avión comercial y 14 veces más que un tren. Mientras los gobiernos piden a la población que reduzca su consumo de energía y adopte hábitos más sostenibles, una élite minúscula multiplica su impacto ambiental sin restricciones.

Un recuento de Business Insider señala que el uso de jets privados ha aumentado exponencialmente en los últimos años, convirtiéndose en uno de los sectores más contaminantes del transporte aéreo. Y lo más alarmante: muchos de estos vuelos tienen una duración de apenas 15 o 20 minutos. Un trayecto que en coche podría tomar una hora es reemplazado por un vuelo que quema toneladas de combustible en cuestión de instantes.

Uno de los ejemplos más notorios es el de Kylie Jenner (dueña de un Bombardier Global 7500), quien ha sido criticada por tomar vuelos de menos de 17 minutos entre aeropuertos cercanos. Un impacto descomunal para una comodidad insignificante. La empresaria fue señalada en redes sociales como "criminal climática", un término que ha comenzado a usarse para describir a quienes, por su riqueza y privilegio, contribuyen de manera desproporcionada al deterioro ambiental.

Pero Jenner no es la única. Taylor Swift también ha estado en el centro de la controversia con su Dassault Falcon 7. Sus vuelos frecuentes han sido rastreados por activistas climáticos, revelando cifras preocupantes. La cantante fue identificada en un estudio como una de las celebridades con mayor huella de carbono debido al uso excesivo de su avión privado.

Mientras tanto, las emisiones globales de CO2 siguen aumentando, los ecosistemas colapsan y el planeta se calienta. La crisis climática ya no es un problema del futuro: es un presente que se traduce en incendios forestales más violentos (que recientemente devastó precisamente a California), huracanes más destructivos y temperaturas insoportables. Y en el centro de este desastre, los jets privados siguen surcando los cielos sin restricciones.

Kylie Jenner (Foto: IG)

Las personas comunes reciclan, usan bolsas reutilizables, intentan reducir su consumo de plástico. Se habla de movilidad sustentable, de compartir vehículos, de reducir los vuelos innecesarios. Pero, mientras tanto, un reducido grupo de multimillonarios ve al planeta como un recurso infinito a su disposición.

En el caso de Swift, su equipo de representantes argumentó que no siempre es ella quien viaja en el jet, ya que lo alquila a otras personas. Pero esto no cambia el problema de raíz: estos aviones privados siguen volando, siguen quemando combustible y siguen contribuyendo a la crisis climática de manera desproporcionada.

Un dato revelador es que el 1% más rico del mundo genera el doble de emisiones de carbono que la mitad más pobre de la población global, según un informe de Oxfam. ¿Qué quiere decir esto en términos concretos? Que aunque el resto del mundo dejara de contaminar por completo, su huella seguiría destruyendo el equilibrio ecológico del planeta.

El vacío legal: la falta de regulación sobre los vuelos privados

A pesar de su impacto devastador, los jets privados continúan operando sin regulaciones estrictas. Existen impuestos para vuelos comerciales y políticas ambientales en aeropuertos internacionales, pero los vuelos privados funcionan en una zona gris, con menos controles y una evasión de restricciones que los hace prácticamente intocables.

En algunos casos, la presión de los vecinos ha logrado que los aeropuertos locales implementen límites en los horarios de operación. Pero estas restricciones son mínimas y fáciles de evadir. La presión de la industria del lujo y la falta de voluntad política han convertido el problema en un círculo vicioso: se reconoce el daño, pero no se hace nada al respecto.

En California, donde las olas de calor han alcanzado niveles récord y los incendios forestales consumen miles de hectáreas cada año, la falta de acción se traduce en consecuencias directas.