IA, una oportunidad gigante para Uruguay
Alvaro Moré Presidente de VML y Hogarth; emprendedor y mentor.
Alvaro Moré Presidente de VML y Hogarth; emprendedor y mentor.
La inteligencia artificial (IA) representa una oportunidad sin precedentes para Uruguay. Yuval Noah Harari, historiador y autor de obras como Sapiens, Homo Deus y recientemente Nexus, destaca que la IA no es simplemente una herramienta tecnológica, sino una fuerza transformadora capaz de redefinir la economía, la política, las relaciones sociales e incluso el sentido de la existencia humana.
Mustafa Suleyman, en su libro La ola que viene, refuerza esta visión al comparar la IA con hitos históricos como la creación del fuego o la electricidad, afirmando: "Estamos ante un cambio gigantesco en la historia de la humanidad".
Lejos de ser una exageración, estas palabras reflejan la magnitud del desafío que enfrentamos. Uruguay ya cuenta con activos importantes para abordar esta revolución tecnológica, como la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y especialmente el Plan Ceibal, iniciativas que han demostrado nuestra capacidad para implementar tecnología a gran escala.
Además, la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información reúne a unas 400 empresas que emplean a más de 20.000 profesionales y generan aproximadamente el 4% del Producto Bruto Interno, lo que evidencia una base sólida para el desarrollo de la IA en el país3.
Un informe reciente de la CEPAL, basado en un estudio de 19 países de América Latina, posiciona a Uruguay en tercer lugar, después de Chile y Brasil, en términos de preparación tecnológica. Aunque esto nos ubica como pioneros, no podemos conformarnos.
El reducido tamaño de nuestra población, que a menudo es visto como un obstáculo, en este caso se traduce en una oportunidad. Debemos aprovechar esta ventaja para incrementar nuestras exportaciones de servicios, optimizar los procesos administrativos gubernamentales y mejorar exponencialmente nuestra competitividad.
La CEPAL también señala que la IA tiene el potencial de transformar y diversificar la matriz productiva, con impactos significativos en sectores como las agroindustrias y los servicios financieros, generando nuevas oportunidades de negocio y empleo de calidad. No obstante, para transformar esta oportunidad en una ventaja competitiva sostenible, es imperativo integrar la inteligencia artificial en todos los niveles educativos.
Si bien las carreras vinculadas a la tecnología serán el motor de esta transformación, el conocimiento básico sobre el uso de la IA debe democratizarse para toda la población. Desde primaria hasta la universidad, debemos formar a estudiantes y profesionales para que la utilicen como una herramienta para el aprendizaje, el trabajo y la gestión de tareas personales en todas las carreras.
En el ámbito regulatorio, debemos garantizar que la revolución tecnológica no amplíe las brechas sociales existentes. La IA debe contribuir a una sociedad más justa, combatiendo la pobreza, promoviendo la igualdad de género, fomentando la diversidad y fortaleciendo la inclusión. Además, es imprescindible construir una ciudadanía informada y preparada para reflexionar sobre las implicaciones éticas y sociales de estas tecnologías.
La magnitud de este desafío requiere un esfuerzo titánico y sentido de urgencia.
Una estrategia clave sería la creación de un grupo asesor especializado, inspirado en el exitoso modelo del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) que trabajó durante la pandemia. Uruguay cuenta con excelentes profesionales en el ámbito público y privado, tenemos referentes como Eduardo Mangarelli, Paula Martínez y Nicolás Jodal, quienes podrían liderar una iniciativa de este tipo.
Debemos empezar ya. Si no hacemos nada, pronto deberemos cambiar el título de esta columna y llamarla: Inteligencia Artificial: una amenaza gigante para Uruguay.
*Este artículo fue publicado originalmente en la edición impresa de Forbes Uruguay de febrero de 2025. Para suscribirte y recibirla bimestralmente en tu casa, clic acá.