Aprender de la derrota (¿y de la victoria?)
Nelson Fernández Salvidio Periodista, docente y escritor
Nelson Fernández Salvidio Periodista, docente y escritor
Uno de los mejores ajedrecistas de la historia, al que presentaban como "el Mozart" de ese juego, se sorprendió tanto cuando llegó a la cúspide como cuando fue destronado.
El cubano José Capablanca (1888-1942) retó al campeón del mundo en 1909 pero no le aceptó el desafío y sí logró competir en 1921, cuando ante él se rindió el alemán Emanuel Lasker (1868-1941) que además de ajedrecista era matemático y filósofo.
Aquella victoria dejó lecciones, porque Capablanca demostró la importancia de su intuición y capacidad para comprender posiciones de juego y su habilidad para anticipar el plan de su rival.
Reinó y parecía invencible, mientras el ruso-francés Alexander Alekhine (1892-1946) se empezaba a estudiar con paciencia cada partida del cubano y cuando sentía que estaba preparado, lo desafió a competir para ver quién era el mejor del mundo.
La partida se fijó para la primavera de 1927 en Buenos Aires y Capablanca era amplio favorito, con apuestas que no daban chance alguna a su desafío. El cubano no recordó cómo fue que llegó al título, se confió de un triunfo que parecía seguro y, en lugar de preparar la partida, se fue a realizar exhibiciones múltiples en Brasil.
Alekhine se concentró mucho tiempo para analizar los patrones de juego de Capablanca, analizó cada partida que había jugado como defensor del título y ver los movimientos recurrentes y sus réplicas ante desafíos complejos. El campeón perdió algunas partidas de forma incomprensible -pero explicado por su desatención previa y por el profesionalismo de su rival- y perdió el título ante el asombro mundial.
Luego, no lo pudo recuperar, porque el francés no le dio revancha, con un argumento usado por Capablanca para determinar la calidad del desafío.
Cuando era campeón, Capablanca había establecido que un desafío debía conseguir US$ 10.000 para el premio, lo que no era fácil en aquella época y Alekhine le aplicó lo mismo, lo que finalmente el cubano nunca pudo cumplir.
En política y en el mundo de los negocios hay una máxima que dice que las derrotas dejan mejores lecciones que los triunfos, aunque lo cierto es que los triunfos o caídas dejan conclusiones para el análisis que alumbra la mejora. En la política uruguaya, los blancos, colorados y asociados, aprendieron de la derrota de 2014 pero no aprendieron de la victoria de 2019 y se confiaron en logros de indicadores macroeconómicos y en shock de obras de infraestructura vial, educativa y sanitaria.
Ahora insinúan que están aprendiendo de esta derrota de 2024 que les mostraron que votar bajo lemas separados les hizo perder bancas y que si hubieran hecho lema común llegaban al balotaje con mayoría en Senado y en Diputados.
En este momento se disponen a estructurar la Coalición Republicana, que en mayo usarán en tres departamentos. Varios intendentes blancos del interior no quisieron hacerlo porque creyeron que tenían ganada la elección y ahora piden ayuda por señas desesperadas.
El Frente Amplio aprendió de la derrota de 2019 y construyó durante los cinco años un plan para volver al gobierno, aunque por falta de liderazgo y otros problemas, pusieron en riesgo la elección.
El análisis de un resultado no puede ser un reproche de críticas para adjudicarle "la culpa" a otros, ni un festejo desmedido que esconda problemas que sufrieron en la campaña. Uruguay abre el noveno período de gobierno de la democracia, tres colorados, dos blancos y cuatro frenteamplistas, y los partidos se preparan para otra batalla electoral por los territorios departamentales y municipales.
La alianza de partidos que sale del poder central se llevó un golpe duro con la derrota pese a la altísima popularidad del presidente, la positiva valoración de la gestión y de indicadores favorables. Las fallas de unidad, entre otros factores, les costaron caro, pero algunas declaraciones y movimientos muestran que tomaron nota de la lección de la derrota.
La duda es si los ganadores sabrán entender por qué ganaron, una respuesta no tan simple, porque siempre lo más difícil es la lección de la victoria.
*Este artículo fue publicado originalmente en la edición impresa de Forbes Uruguay de febrero de 2025. Para suscribirte y recibirla bimestralmente en tu casa, clic acá.